"Un retrato no es el acto de congelar un rostro; es el testimonio de un encuentro y unión entre dos seres. Es hablar sin voz, contar una historia sin palabras, sentir con la mirada, tocarse a la distancia. El blanco y negro despoja al sujeto de cualquier máscara, dejando expuesta su vulnerabilidad más pura y exponiendo el alma.
A través de este diálogo entre la luz y la sombra, la fotografía se convierte en un puente que nos obliga a detenernos, mirar de cerca y reconocernos en la historia del otro.